04/05/13

Librera por un día

 



El jueves y el viernes tuvimos la suerte de contar en la caseta con sendas "libreras invitadas" que se empeñaron con gran éxito ofreciendo algunos de sus libros preferidos: Elisa Sanchis, añorada ex bibliotecaria de la Dirección General de la Mujer; y Carmen Botello, escritora y editora de Nadir. Gracias, chicas.


30/04/13

Tan frescas


El viernes vino a vernos Anna Freixas y trajo su último libro Tan frescas (Las nuevas mujeres mayores del siglo XXI). Concurrida presentación con Isabel Morant y Raquel Lobato; en la caseta 39/40 nos quedan ejemplares de este trabajo realmente  recomendable.

26/04/13

Bien empezamos


Primera tarde de la feria. Bien empezamos.

25/04/13

Hoy se inaugura la feria del libro


Así nos gustaría que fuera SIDECAR para ustedes:
aunque lleguen a la caseta deslustrad@s, que se
marcharan, con su libro bajo el brazo,
pletóric@s  
(En Viveros, del 25 de abril al 5 de mayo,
en la caseta 39/40, junto al bar) 

13/04/13

Tebeos, zombis y...


Segunda "acción" de AVLI, este grupo de librerías que no se resisten a ser meros despachos de libros. Nuevamente en la estación de metro Colón; esta vez la cosa iba de cómics y literatura fantástica y contamos con la visita de ilustradores, guionistas y autores, así como con una invasión de zombis y la presencia (no exenta de polémica) de la mismísima. Libros no venderemos, pero ¿y lo bien que nos lo pasamos... ?

24/03/13

Memorias del subsuelo



 No, no nos referimos a la novela de Dostoievski, sino a la primera acción de AVLI (Asociación Valenciana de Librerías Independientes), de la que SIDECAR forma parte y que este fin de semana se propuso acercar los libros a las criaturas, con la generosa ayuda de cuentacuentos, payasas, autores, dibujantas, músicos, monitoras de manualidades y Metro Valencia. Ahí tienen un par de fotos que dan fe del excelente ambiente. Repetiremos.






19/03/13

Marguerite Duras


Saint-Tropez, Francia 1982
La lavadora
está en medio de la playa, sobre la arena húmeda, cerca de las olas. Como se ha estropeado, Marguerite y Yann la usan de mesa de trabajo y bodega. Han colocado la Olivetti Lettera 22 y las copas de vino encima. En el tambor esconden las botellas de burdeos.
Llevan todo el verano viviendo junto al mar. Durante el día leen y ríen apoyados en la lavadora. Yann va desnudo. Marguerite lleva jersey de cuello vuelto, pantalones a cuadros y gorro de marinero. Al atardecer dan paseos por la orilla, alumbrados por las farolas del paseo marítimo. Por la noche beben. Después, Marguerite dicta palabras en voz alta. Yann escribe.

Yann
La luna está saliendo. Ninguna nube, ni un soplo de viento. Yann se sienta en un taburete frente a la lavadora y coloca una hoja de papel en la máquina de escribir. El mar ruge ante él y la espuma de las olas es plateada. Se humedece los labios con la lengua. Saben a sal. Y están secos. Se agacha, abre el tambor de la lavadora y coge una botella. Llena una copa y, antes de pasársela a Marguerite, bebe un sorbo.
Ella lleva un rato de pie, en silencio, pensando la siguiente palabra del libro que está escribiendo. Yann espera, con las manos abandonadas sobre el teclado de la Olivetti. Intenta concentrarse en Marguerite. En las palabras que de repente le dicta. Palabras con aire entre ellas. Pensadas de una en una.
Marguerite logra escribir algunas frases. Esto fluye. Eres adorable, Yann. Pero ahora, cuál es la siguiente palabra. Quizás no sepa ya escribir. Qué falta aquí, Yann. No sabes nada. Estúpido. Eres un inútil.
Marguerite grita. Lo de siempre. Lo de ella.
Pero Yann es paciente. Yann no se enfada, no. Yann se levanta del taburete y echa a andar orilla arriba, a grandes zancadas. La voz de Marguerite retumba en sus oídos. La odia. Pero cuando comenzó a leerla supo que ya no había vuelta atrás. Le escribió cartas durante cinco años y al conocerse, se gustaron. Comenzaron las escenas, los insultos, las comidas, el amor también. Quiere a esa mujer intensa con locura. Y sabe que a él le toca aguantar, evitar la ruptura del vínculo que ella hace y deshace a cada instante. Ese vínculo que ella desea a cualquier precio y que de manera casi simultánea quiere destruir. Además, se le pasará. Siempre se le pasa. Encontrará la siguiente palabra, terminará el libro y comenzará otro. Yann puede predecir sus vaivenes emocionales al milímetro. De repente, le molesta descubrirlo. Pero no quiere pensar más. Solo quiere dormir. Sigue caminando y llega hasta las rocas, donde Marguerite no puede verlo. Se tiende en la arena. Se cubre con la sábana blanca que guarda entre las rocas. Se duerme.


Marguerite
Luna llena. La luz es tan clara que casi parece de día. Marguerite ocupa ahora el lugar de Yann. Sentada frente a la lavadora, se ajusta las gafas y hace girar el rodillo de la máquina de escribir. Luego coge la botella y llena la copa. Bebe. No quiere pensar en Yann. Solo quiere encontrar la siguiente palabra. Pone las manos sobre el teclado. Las manos le tiemblan. El temblor de una vida que limita con la muerte. No, no quere pensar en Yann. Pero ha visto su cuerpo desnudo alejándose de ella a la luz de la luna. Lo detesta. Detesta ese cuerpo resabiado, adolescente, siempre en calma. Odia, sobre todo, la juventud de él, los treinta y ocho años que lo separan de ella. Esa juventud lenta que jamás la alcanzará para envejecer junto a ella. Lo golpearía una y otra vez. Pero está lejos, escondido entre las rocas. Siempre está lejos cuando lo necesita. Por qué no se marcha de una vez? Que la abandone como terminan abandonándola todos. Vete, Yann. Adiós.
Marguerite contempla el rectángulo de papel inmaculado que tiene frente a ella. Se agarra la cabeza con las manos. Cuál, pero cuál es la siguiente palabra. No la encuentra. Tal vez las palabras o su ausencia solo sirvan para verificar el odio. El odio a Yann.
Vuelve a llenar la copa y mira el mar. El color del mar es negro. El azul, en Marguerite, siempre es negro. Bebe. Bebe mil veces. Olvida las palabras. Olvida el aire entre ellas. Lo olvida todo, excepto el cuerpo desnudo de Yann y la botella, que ahora está vacía. Se agacha, saca otra botella de burdeos del tambor de la lavadora. Vacía. Otra. También vacía. Las saca todas. Las lanza al suelo. Se tira a la arena. Hunde la cara en la arena, la muerde. Aumenta el temblor de las manos. Entre ella y ella misma late una hendidura que se ensancha y amenaza con romperla. Como las palabras que le estallan en los dedos antes de llegar a teclearlas.
Se calma un poco. Busca. Finalmente encuentra un resto de vino en una botella. Suspira, aliviada. Se limpia la cara con el dorso de la mano. Se levanta tambaleándose, con gesto espeso. Se sirve el vino y se lleva la copa a los labios. Bebe un sorbo. Los temblores cesan. Alza la copa. Mira el rojo. Ve el rojo. Lo único que importa es el rojo del vino. Le gusta ese rojo. Yann, mira este rojo.

Marguerite y Yann
Marguerite echa a andar con la copa en la mano, dibujado eses en la arena. Camina despacio, cuidando de no verter el rojo. El rugido del mar la aturde. Vadea la orilla. Llega hasta las rocas y busca a Yann. Está acostado en la arena, al amparo de dos grandes rocas, tapado con la sábana blanca. Marguerite se acerca. Trata de sentarse sin caerse y deja la copa en la arena.
--Yann --susurra.
Le toca suavemente el hombro. Él extiende el brazo izquierdo y se aparta un poco para dejarle sitio. Marguerite se tiende en la arena y rellena el hueco a su lado. Yann la abraza. Marguerite cierra los ojos, tira un poco de la sábana hacia ella. Mañana mandará arreglar la lavadora.

De: Anna R. Ximenos, Interior azul
 



01/02/13

2012




Año nuevo. Son tiempos de efemérides, tiempos de balances. Echando la vista atrás a este año que acabamos de dejar, lamentamos sobre todo pérdidas. De pagas extras, de derechos civiles —aquí y en el norte de Mali— y de grandes, grandes mujeres. Así, nada más empezar el año, se fue Eve Arnold, mítica fotógrafa de la Magnum y autora de algunos de los retratos de la Monroe y de la Dietrich que todas tenemos pegados a la retina. Se apagó la sonrisa tierna y melancólica de Wislawa Szymborska, inconmensurable poeta y premio Nobel polaca. Nos dejaron Elena Catena, profesora de literatura y editora de la colección Biblioteca de Escritoras de Castalia; Isabel Núñez, a quien dedicamos un pequeño homenaje en otro lugar; Felicía Fuster, poeta y pintora catalana y Esther Tusquets, emblema de cierta época editorial de esplendor y escritora de estilo inconfundible. Dejaron de recordar Teresa Pàmies, cronista del exilio y Lise London, militante comunista y miembra de las Brigadas Internacionales y de la resistencia francesa. La reportera Marie Colvin fue asesinada en uno más de los sangrientos conflictos de los que había ido dando cuenta y de los que nadie quiere saber, y Sally Ride, física y astronauta norteamericana, emprendió su viaje más largo. Se extinguieron el peculiar humor de la guionista, escritora y directora de cine Nora Ephron, y el estupendo quehacer literario de la argentina Alicia Steimberg que tiene en su haber una de las contadas obras eróticas que me gustan. Luego, abrió una herida incurable en nuestras almas la muerte de Adrienne Rich, nuestra poeta, pensadora y referente moral más querida. Se fue Françoise Collin, a quien debemos un sinfín de reflexiones sobre arte, política y feminismo. A la no por esperada menos dolorosa muerte de la Chamana, Chavela Vargas, se sumaron las de Whitney Houston, Donna Summer, Etta James y la pionera country Kitty Wells. Finalmente, recordamos a Domitila Barrios de Chungara, la líder obrera que, hace muchos años, puso para mí “Bolivia en el mapa” (como si no hubiera estado siempre allí). Y el año terminó con la noticia de que tampoco Rita Levi Montalcini, ilustre neurobióloga y premio Nobel de medicina, era inmortal.

Sigan leyendo:
Lecturas no obligatorias, de Wislawa Szymborska.
Instante, de Wislawa Szymborska.
Mis postales de Barcelona, de Isabel Núñez.
Obra poètica, de Felicia Fuster.
Trilogía del mar, de Esther Tusquets.
Confesiones de una editora poco mentirosa, E. Tusquets.
Memòries de guerra i d’exili, de Teresa Pàmies.
Roja primavera y Memoria de la Resistencia, de Lise London.
El cuello no engaña, de Nora Ephron.
Amatista, de Alicia Steimberg.
Vidas y vueltas, de Alicia Steimberg.
Sobre mentiras, secretos y silencios, de Adrienne Rich.
Antología poética (1951-1981), de Adrienne Rich.
Praxis de la diferencia: liberación y libertad, F. Collin.
Dos vidas necesito (Las verdades de Chavela), M. Cortina.
Si me permiten hablar, de Domitila B. de Chungara. Agot.
Elogio de la imperfección, de Rita Levi-Montalcini.
Un error, de Carmen Botello y Susi Artal.

21/10/12

Un poquillo de humor...

...que buena falta nos hace. De Alicia Murillo, artífice entre otros de El cazador cazado, creativo proyecto para señalar la violencia que suponen los mal llamados "piropos" callejeros (http://www.pikaramagazine.com/?p=7109).

06/08/12

"Me voy.


Les dejo de herencia mi libertad."

Chavela Vargas (1919-2012)


23/06/12

Rebajas de primavera (y de verano)

En una especie de limpieza primaveral, Sidecar ha decidido que tienen que salir: todos aquellos libros que llevan tiempo en nuestras estanterías, descatalogados o no aptos para su devolución por la decisión de los desalmados distribuidores. Otros, agotados o difíciles de conseguir que compramos en su día en un arranque de romanticismo que, en estos acelerados tiempos modernos, ya no tiene cabida. Los hemos reunido todos en una lista y los ofrecemos aquí, muchos con sustanciosos descuentos del 30%, 50% o incluso más. Es una lista viva de la que iremos quitando en la medida en que los librillos encuentren su nueva dueña, y añadiendo conforme van apareciendo otros. De modo que conviene consultarla de tanto en tanto. ¡Última actualización: 23 de junio!

12/06/12

De las cartitas 111 y 112

Kallocaína, de Karin Boye. Autora sueca (1900-1941): poeta, agitadora cultural, militante pacifista, lesbiana, suicida. Esta distopía suele mentarse junto con Un mundo feliz y 1984 -con la diferencia de que fue escrita casi diez años antes que la novela de Orwell- y es, como éstas, una visión de una sociedad totalitaria, reglamentada, uniformada, claro reflejo de las experiencias viajeras de K.B. a la Unión Soviética y la Alemania de la época. La kallocaína -una droga de la verdad, de la que el químico protagonista de la novela es artífice y administrador- servirá para identificar a cualquier posible elemento subversivo. Importante. 219 pp. / € 19.00

Xingú, de Edith Wharton. Un relatillo (de hecho, está recogido en la reciente compilación El último recurso y otros relatos) que sólo adquiere entidad de libro gracias a su prólogo y, sobre todo, las fabulosas ilustraciones de Sara Morante. En él, Wharton se pitorrea con finura de las ínfulas del Club del Almuerzo, una sociedad cultural compuesta por un puñado de damas, "indómitas cazadoras de la erudición." Y es como si las conociéramos... Uno de los libros (físicamente) más hermosos que he visto en mucho, mucho tiempo. 81 pp. / € 14.00
Al oeste con la noche, de Beryl Markham. He aquí una mujer corajuda donde las haya. Nacida con el siglo en Inglaterra, su padre la llevó de niña a lo que ahora se llama Kenia, por entonces colonia británica: el África de Isak Dinesen. Allí Beryl creció descalza y rodeada de amigos nativos en un medio salvaje para terminar convirtiéndose en piloto comercial de un biplaza y entrenadora de caballos de carrera. En estas sus memorias "episódicas" (a saber, cuenta lo que elige y se calla lo que le parece, saltando entre fechas) transmite en una prosa poderosa y sin afectación (gran envidia de Hemingway) la enorme belleza del país y sus habitantes, y traza un retrato ya clásico del África colonial. Ma-ra-vi-llo-so. Reedición con nueva e impecable traducción (Miquel Izquierdo). 311 pp. / € 21.95
Mujeres bajo sospecha (Memoria y sexualidad, 1930-1980), de Raquel Osborne (ed.). Los resultados de aquel I+D sobre las sexualidades disidentes bajo el franquismo, con Juliano, Sanfeliu, Platero, et al. "Por un lado, el análisis de la vida y del discurso de mujeres que amaron a otras mujeres y que vivieron durante el franquismo; por otro, las formas del control social de la sexualidad en este periodo..." 419 pp. / € 16.00
Pagarás con maldad, de Margaret Millar. Cuando una noche una joven de aspecto dcesvalido pide a la respetable doctora Charlotte Keating ayuda con su embarazo no deseado, ésta ni se imagina hasta qué punto la visita alterará su hasta entonces apacible existencia. ¿Y qué papel juega en todo ello su amante, para más inri, marido de una de sus pacientes? Declaradamente, nos encanta esta clásica maestra del suspense psicológico con su elegancia y sus trubadores finales. 200 pp. / € 16.00
Karicies.com (Però aquest llibre no anava de sexe?), de Rosa Sanchis. Des de fa anys, la professora de valencià (Todo por amor; ¿Qué tengo aquí abajo?) utilitza les seves classes transversalment per a difondre una educació afectivosexual i de igualtat entre els gèneres. En 2009 va decidir fer servir les noves tecnologies inaugurant un bloc al que podien comentar les seuves i els seus alumnes els temes que ella va "penjar". Aquest llibre és el resultat del projecte. Malgrat la maquetació poc usual i els tics de redacció pròpis d'aquest tipus de support (la K, jeje, abreviacions), es tracta d'un llibre seriós, molt comprensiu, amb una gran quantitat d'informació i de referències, tan pel alumnat como per altres persones que volen treballar els temes. Premi Soler i Godes d'Experiències Pedagògiques a l'Escola, al 2010. 238 pp. / € 15.00


10/05/12

Gracias

Y una vez más, la de Sidecar fue la caseta con más chicas por metro cuadrado. Gracias a Catxi, Cris, Laura, Mariajo; Luz, Pepa y Pilar, que aquí no están, pero como si estuvieran. Gracias a todas las que trajeron  chocolates, galletas, frutos secos, cervecitas y cafés. Fue gracias a vosotras que esta feria -más allá de la lluvia y las cifras de venta- ha sido un exitazo. Porque ha sido posible.

25/04/12

Feria del Libro 2012

Desempaquetando cajas y cajas de libros para colocarlos en las estanterías de Sidecar, en la Feria en Viveros que se inaugura mañana 26 de abril hasta el 6 de mayo. Ven a vernos, anda. Estamos en la caseta 79/80 (muy cerca de la entrada desde Blasco Ibañez, a la izquierda).

29/03/12

Huérfanas

Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar
por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva
del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte,
con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad
atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
Son eternos tus ojos, verde destello
de hierba salvaje refrescada por la vertiente.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

Adrienne Rich (1929-2012)

Huérfanas nos hemos quedado de su iluminadora voz feminista y lesbiana, de su insobornable ética personal, de su formidable palabra poética. Huérfanas y deudoras, siempre. (Re)léanla.

Sobre mentiras, secretos y silencios (ensayos)
Sangre, pan y poesía (ensayos)
Artes de lo posible (ensayos)
Antología poética (1951-1981)
Poemas (1963-2000)
Atlas d'un món dificil: poemes 1988-1991

28/03/12

De las cartitas 109 y 110

¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, de Jeanette Winterson. Esta frase, que da título a las memorias de la formidable escritora inglesa, resume al dedillo la esencia de éstas: parecen graciosas (y ciertamente tienen algunos golpes buenísimos), mas hay un gran desgarro de fondo. Es una cita adscrita a su madre adoptiva, una mujer profundamente infeliz, sin atisbo de sensualidad, castigadora, trastornada, que dedica toda su vida a la iglesia pentecostal. Ya nos trajo J.W. noticias de ello en Fruta prohibida, su primera novela. Aquí retorna a esta vida de grandes carencias de sus primeros años, en un barrio obrero de Manchester, para continuar describiendo su huida de esta vida y la oportunidad que le brindaron los libros, el lenguaje, las palabras. Ellas fueron su “comodín”, que le permitió jugar una buena partida con unas cartas, en principio, poco favorables. Cómo descubrió que el mundo es algo más que un valle de lágrimas, cómo llegó a un entendimiento con su criatura interior, salvaje y desagradable —con la ayuda de sus gatos, el jardín y, de nuevo, los libros—. Cómo, finalmente, encontró a su madre biológica y, descubrió que el amor puede tener continuidad… Todo ello lo relata la autora “en tiempo real”, sin apenas refinar, con una franqueza brutal, con un arrojo sin par, trazando más preguntas que respuestas. Y, al final, surge otra: ¿cómo serán los libros de la Winterson a partir de ahora…? 247 pp. / € 20.90
Pañales y cerveza, de Ángela Medina. Un abuelo que tras la muerte de su mujer decide redecorar toda la casa; un hijo que viaja en busca de los últimos años de su padre; un nieto que prefiere los videojuegos junto a su mejor amigo a los avances de su novia; una pareja que se esfuerza por arrinconar sus infidelidades… ah, y en medio de todo ello, siempre, los chirimbolos de IKEA con sus nombres impronunciables. Bajo la apariencia frívola y pop de una historia que avanza con desenvoltura y arte, la joven publicista cuela un gran bagaje de soledad, incomunicación y mentira: las que marcan estas “vidas cruzadas”. Sorprendente y muy estimable opera prima. 107 pp. / € 15.00
Desarticulaciones, de Sylvia Molloy. S.M es una reconocidísima escritora y crítica literaria argentina afincada en EE.UU., de quien tal vez recuerden aquel En breve cárcel, librillo mítico de la no tan lejana época cuando en este país no hubo más que cuatro cosas sobre la experiencia lesbiana. Casi cada día, la narradora visita a ML. —amiga, colega y, se intuye, antigua amante—, aquejada de la enfermedad de Alzheimer. En brevísimos, cristalinos capítulos, registra con mirada implacable las sucesivas pérdidas (palabras, recuerdos, rasgos personales) y surgen preguntas sobre el peregrino funcionamiento de nuestro cerebro y de qué somos y qué queda cuando se van los recuerdos y la capacidad de re-conocer. Tremendo. Magnífico. 76 pp. / € 18.50

La libre
ría ambulante, de Christopher Morley. Ahí va esa proverbial excepción que confirma la regla, la de que únicament los libros de mujeres merecen reseña en esta cartita. Pero no me pude resistir: tal es la afinidad con este librero que en los añoseiiente del siglo pasado recorrió con su caravana y su caballo los senderos entre granjas bucólicas y aisladas de la costa este de los EE.UU., predicando las virtudes y placeres de la buena literatura, buscando siempre la felicidad y el perfeccionamiento de cada lectora o lector. Un libro romántico que eleva el espíritu de tod@ amante de la literatura. Y así, le perdonamos al autor incluso el giro que le da a la historia por la irrupción del amor verdadero. 182 pp. / € 16.75

La prostitución, de Beatriz Gimeno. Aunque, en este eterno y encarnecido debate que enfrenta dentro del femnismo a unas y otras en posturas irreconciliables, B.G. se define claramente como abolicionista (o antiprostitución, como prefiere llamarse), este libro se propone romper el acerado binarismo, tratar de encontrar un mínimo denominador común y restituir a la cuestión toda su complejidad. Es un esfuerzo honesto, respetuoso y muy trabajado por sistematizar los argumentos explorando todos los ámbitos que el debate incumbe; dede la ética hasta la sexualidad y desde las migraciones hasta la distribución de la renta; la banalización del sexo y la sacralización del consumo. Para que "por los agujeros de nuestros desacuerdos [no] se escape un enorme caudal de sufrimiento humano" y para que el desgarrador debate interno no asista al enemigo. 300 pp. / € 22.00